Llevo más de 10 años viviendo fuera de mi país (Brasil) y a lo largo de este tiempo, además de en Madrid, he vivido en ciudades como Chicago, Nueva York y Toronto. Si te digo que siempre supe lo que quería hacer con mi vida, te estaría mintiendo. Como casi todo el mundo no tuve dudas cuanto a qué quería ser de mayor. Pero al final, el mundo del entretenimiento, el poder que tienen las buenas campañas publicitarias en la mente de los consumidores, unidos a mi pasión por los idiomas fueron claves para tomar la decisión sobre a qué, efectivamente, quería dedicarme.

Así que decidí estudiar lo que descubrí que de verdad me gustaba, Publicidad y Marketing. Durante la carrera tenía muy claro que quería dedicarme cien por cien a estas disciplinas: el trato con los clientes de diferentes países, el compromiso de realizar proyectos y ver en los medios el resultado final, eran una verdadera pasión. Y después, tuve la suerte de seguir aprendiendo de los mejores profesionales en agencias de gran renombre en España, como Sheldon, Bassat Ogilvy e Yslandia.

Poco a poco fui percibiendo que la pasión que sentía al principio se iba diluyendo y que necesitaba reciclarme cuanto antes, ya que puestos de ejecutivo y supervisor de cuentas me empezaron a resultar rutinarios y quería aportar más a mis superiores y, por supuesto, a mis clientes. Probé a trabajar desde la perspectiva de cliente en mi experiencia en Telefónica España, realizando proyectos muy satisfactorios profesionalmente, pero no obstante sentía una gran necesidad de dar un paso más en mi carrera. Pero por una razón u otra iba dejando el tiempo pasar y no me aclaraba en qué necesitaba hacer para devolverme la pasión por el mundo de la publicidad.

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Un día, dejé de inventarme excusas y me puse en contacto con la gente de Miami Ad School. Siempre tuve la curiosidad en saber qué tenía la escuela Miami ad School para que tanta gente hiciera menciones positivas y optimistas hacia ella. Me preguntaba: ¿qué enseñan allí de diferente que otras escuelas no enseñan? 

Recuerdo que llegué en la escuela de Madrid más perdido un pulpo en un garaje pero al fin tenía claro que quería estudiar el Bootcamp para Account Planning con el objetivo de pensar de forma más estratégica tanto en mi vida personal como en mi carrera profesional. Me enfrenté a las 12 semanas más intensas de mi vida, realizando un trabajo duro y aprendiendo mucho y muy rápido y, desde luego, mereció la pena.

Una vez terminado el curso seguí trabajando en agencias de publicidad por un tiempo,  pero ordené mis ideas y me di cuenta que el Bootcamp había calado en mi más de lo que pensaba. Cuando un determinado día decidí dar el paso más importante y dejar mi puesto en la agencia y dedicarme cien por cien a crear mi propio negocio uniendo los conocimientos adquiridos en Miami Ad School y la motivación en renovarme profesionalmente en algo que de verdad cumpliera con mis dos pasiones, la publicidad y los idiomas.

Así pues, con la ayuda de un grupo selecto de profesores de idiomas que tenían la misma ilusión, nació Dictum Idiomas Para Empresas: una consultora de idiomas, centrada exclusivamente en la formación de idiomas a trabajadores de empresas de todos los sectores. Las ventajas de ser un publicista curioso, la experiencia adquirida en mis años de profesión y el haber conseguido la formación necesaria, fueron los pilares que me afianzaron para lanzarme como emprendedor. El paso es duro y complicado, no obstante la ilusión y las ganas puestas día a día, es lo que te dan fuerzas para seguir luchando.

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Una de las frases de ánimo que escuché de uno de mis jefe mientras trabajaba en una conocida agencia de publicidad en Madrid a las 2:30 de la madrugada fue: “Lanzar un proyecto es duro, no obstante descargar un camión de verduras a las 4 de la madrugada en Mercamadrid también lo es.

Así, que dejemos de lado los miedos de ser emprendedor y… ¡a por todas!