ÉRASE UNA VEZ…UN VIAJERO

Por Guillermo Pérez

Quitando lo poco que me gustan los aeropuertos y los aviones (esto lo estoy escribiendo desde uno intentando concentrarme), ¡qué maravilloso es viajar!

Y no sólo por el hecho de moverte, de cambiar de aires, de hacer un descanso en tu vida cotidiana para ir a lugar alejado, aunque sea coger el coche para irte a unos cuantos kilómetros de casa. Es por lo que nos llena interiormente. Aunque no seamos conscientes, cuando viajamos estamos saliendo de nuestra zona de confort, esa zona en la que vivimos seguros porque tenemos todo más o menos controlado debido a la rutina, a una vida o un tiempo relativo de repetir lo mismo, en los mismos sitios, con la misma gente.

Cuando viajamos estamos abriendo nuestra zona de confort temporalmente para ir a un sitio diferente, con gente diferente, para hacer cosas diferentes a las que estamos acostumbrados. Y esto, para el que tiene una mente suficientemente abierta y se deja llevar y nutrir por estas experiencias, es muy gratificante. Por eso a todo el mundo le encanta viajar y muy poco volver de viaje a su vida habitual.

Pues imaginaos lo que es vivir siempre en este estado. Tu zona de confort desaparece totalmente, porque ya no hay una rutina, ya no existe un lugar donde vives habitualmente, ni gente con la que te ves diariamente, ni acostumbras a hacer las cosas por un tiempo muy largo. Te conviertes en una persona completamente adaptable a cualquier situación, lugar, persona o costumbre y capaz de sobrevivir sin ninguna dificultad. Especialmente si viajas a sitios en los que el cambio es radical y tienes que empezar prácticamente de cero.

Yo he tenido la gran suerte de que desde bien pequeño he podido viajar y he aprovechado cada oportunidad para ir a un sitio nuevo, especialmente en el último año que gracias a los quarter away de la Miami Ad School he podido prácticamente recorrer el mundo. He pasado por San Francisco, Nueva York, Londres y he acabado en Edimburgo. Y en cada nuevo salto me llevo lo mejor de todo lo anterior para sumarlo a una gran experiencia internacional y poder aportar todo lo aprendido en mi siguiente destino.

Mucha gente me dice que admira la facilidad que tengo para mudarme a un sitio nuevo y empezar otra vez como si nada. Pues es tan fácil como aprender a salir de tu zona de confort, y eso es aplicable a todo en la vida. Una vez aprendas a hacerlo, verás como no hay nada imposible y tu mente se abrirá de tal forma que empezarás a darte cuenta de cosas que antes nunca habrías sido capaz de ver.

Porque como siempre digo, en esta vida todo es relativo y depende de la distancia con la que veas las cosas. Si algo te parece difícil de entender o superar, solo tienes que salir de tu casa, o de tu ciudad, o de tu país, o coger un avión o subirte al edificio más alto. Cuando estés bien lejos y veas todo lo que hay más allá, más grande, más difícil y más maravilloso que lo que te preocupaba, entonces tu problema lo verás muy pequeño.

guillermo

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