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La historia de Matilda Kahl retumba en las cabezas de las mujeres trabajadoras del mundo. El estrés de elegir qué ponerte cada mañana ocupa un valioso tiempo que no debemos perder. Matilda se está haciendo famosa en redes sociales por tomar una decisión. Graduada en Miami Ad School, actualmente es directora de arte en Saatchi & Saatchi NY. Un día tomó la decisión de ser “libre”. Y aquí es donde entra en juego el meollo de la cuestión.

Matilda estaba muy cansada de perder el tiempo y los nervios cada vez que tenía que elegir qué ponerse cada mañana. En función de las tareas o reuniones que tengas a lo largo de la jornada hace que la elección de vestimenta se convierta en un suplicio. Esto, por supuesto, es algo a lo que se enfrentaba cada mañana, como el resto de humanos (mujeres especialmente), pero el día que tomó la decisión crucial tenía una reunión importante con un cliente y a parte de perder los nervios delante del espejo, llegó tarde a la reunión con niveles de estrés estratosféricos para ver con sorna cómo sus compañeros del sector masculino estaban de colegueo con el nuevo jefe dentro de la sala de reuniones en la que ella debería estar, todo esto mientras le daba la vuelta al jersey que llevaba del revés.

Quedarse paralizada ante la sala porque, además de llegar tarde, lo hacía sin estar preparada fue la gota que colmó el vaso. No era la primera vez que perdía valioso tiempo decidiendo si el atuendo era demasiado formal o demasiado corto, pero desde luego sería la última. La frustración por llegar tarde le hizo pensar porqué a sus compañeros hombres siempre se les tomaba en serio independientemente de lo que llevasen puesto y dudaba que invirtieran tanto tiempo y esfuerzo como las mujeres.

Matilda KahlLejos de pretender que esto se convirtiera en una discusión de género, tomó una decisión que le ha acompañado durante los últimos años. No volvería a elegir qué ponerse porque no habría nada que elegir. La idea de uniforme laboral, para los hombres tiene un nombre fácil, traje. Para ella, a partir de ese momento, sería una chaqueta negra, una blusa blanca, un lazo negro y con pequeñas variaciones en función del tiempo valdría.

A pesar de que la idea no es original, es más, en muchas profesiones es obligatorio llevar traje o una indumentaria concreta. A ella le llovieron las preguntas, las reacciones y los sentimientos encontrados. Desde haberse unido a una secta o ser una apuesta, sus compañeros no concebían que todos los días llevase lo mismo cuando nadie la obligaba.

Cuando le preguntaban por qué lo hacía, la respuesta automática era directa:

¿Alguna vez has configurado una cuenta para pagar tus facturas con un sólo click? ¿A que sienta bien no tener que preocuparte cada mes de lo mismo.?

Es muy curioso cómo tomar una decisión a priori muy simple y, en realidad, extendida, puede generar tantas preguntas y a la vez facilitarte la vida en gran medida. El momento de pánico a la hora de vestirse de forma apropiada de lunes a viernes es tan real como la vida misma. La que más y la que menos ha sufrido este momento pero ninguna nos solemos plantear llevar un uniforme de trabajo por decisión propia. De hecho, si lo tuviésemos que llevar haríamos lo posible por personalizarlo y sin embargo, la decisión de Matilda, aunque cotidiana y asumida en muchos entornos profesionales, genera extrañeza a pesar de ser una decisión muy cabal y lógica cuando se lleva a cabo en una industria que fomenta la creatividad como lo es el mundo de la publicidad.

Matilda hace referencia en su entrevista con Harper’s Bazaar a las publicaciones sobre Mark Zuckerberg o Steve Jobs, quienes han asegurado que siempre visten de la misma forma y esa es una decisión menor menos que tomar a diario. Digamos que deja espacio, mucho más del que creemos, para mejores y más productivas ideas.

¿Qué os parece?

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