si fuera un millonario excentrico

Esta es la parte II de II artículos fabulosos (Aquí podéis leer la I). No decimos más, os dejamos leer.

Este artículo está motivado por la llegada a las librerías de “Si fuera un millonario excéntrico”, mi último libro (si me permitís llamadle libro).

Sin embargo, este artículo no habla de libros. Habla de books.

He visto decenas de books de creativos, si por cada uno de ellos, hubiera ingerido una cápsula de cartílago de tiburón, hoy tendría los meniscos de Cristiano Ronaldo.

De estudiantes, de juniors, de seniors… Y, como no, también he enseñado el mío, otras tantas veces.

No soy ni un aspirante a trainee de consultor de books, ni creo, de veras, que existan expertos en esta pseudociencia. Duda del que te diga que es muy bueno revisando books, porque eso es tan cuestionable como la regla de los 3 segundos en zona del baloncesto, no existen, nadie los cuenta, es mentira.

Por eso, y por mil razones más, estas palabras deberán ponerse en cuarentena. Aprovechemos este punto y aparte del texto para dar por hecha esta salvedad, y si da tiempo, para ingerir un Nicanor del Boñar.

Modas, formatos y soportes tecnológicos son algunos de los aspectos que influyen en su elaboración, pero no dejan de ser elementos de importancia casi anecdótica, si los medimos con las ideas que deben protagonizar y conformar el book creativo.

Hace tiempo, coincidiendo con una etapa en una agencia gris como el cielo de Aberdeen, me di cuenta que, a veces, cometía un error al enfrentarme a un book. Tanto a la hora de verlo, como a la de enseñarlo.

Cuando me mostraban uno, sin darnos cuenta, quería ver, esperaba encontrar y buscaba en él, un cubito de playa que me gustara, y eso, precisamente, me impedía y me apartaba el foco de algo más grande: Encontrar en ese book, una balsa tamaño chanclas de Larry Bird, del petróleo del que se hace.  Del que se hace ese cubo, la pala, los biberones, los salpicaderos de los camiones de basura, la gasolina…

Por eso, siempre debí preguntarme si estaba ante una balsa de oro negro para extraer, y no tanto, el error de esperar ver unas piezas concretas que son fruto también, además del talento, de la suerte o el infortunio de estar en una determinada agencia, con unos clientes y unos jefes concretos. Una pieza depende mucho de estos factores exógenos, pero la capacidad de hacerlas es algo que se lleva dentro, debajo de la piel… como el petróleo. Y esa capacidad no se ve en las piezas que lleva, sino a través de ellas.

Estoy seguro de que es esto lo que se debe buscar cuando te enseñan un book. Y eso es lo que se debe hacer ver, cuando eres tú quien lo enseña.

Si fuera un millonario excéntrico” es una respuesta a aquella etapa en la agencia gris. Y aunque solo hacía cubos de playa, los ocultaba y me buscaba la vida para hacer intuir que en mi portfolio, podría (subrayo, podría) haber una balsa de oro negro.

Estoy correctamente feliz con “Si fuera un millonario excéntrico” por 10 razones que se resumen en 2. Porque me ha permitido volver a trabajar con un maestro como Esteban Franco (Bitan), tantos años después de coincidir en la Miami, y por tener el honor de haber hecho el primer libro del mundo escrito en cartones de bingo. Aunque yo que sé… igual es menos honor que ser el primer libro escrito en un Ped-egg, o raspador de durezas, o sobre el cepillo de dientes  de Colorado Mac Allister

Todo se andará.

Por último, deciros que los beneficios del libro irán destinados a realizarme una operación de estética, concretamente, a implantarme glúteos.

Autor: Carlos Yuste.