AVISO. Lo que escribo a continuación puede resultar ofensivo para alguna de las personas que ejercen una profesión que no sea la publicidad. Aunque ahora que lo pienso por desgracia igual no son tantas tal y cómo está la tasa del paro. En fin, que si alguna se siente ofendida, lo siento de verdad, no escribiría esto si antes alguna de esas personas no me hubiera ofendido a mí.

Y es que no es ni la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que alguien, ya sea amigo, conocido, o incluso desconocido aborde el tema de mi profesión, -la publicidad-, como si de un delito se tratara.

Los caballos de batalla suelen ser siempre los mismos. Conozco casi de memoria el speech de cada persona sólo con escuchar las tres primeras palabras que salen de su doctorada, postgraduada o FTPada boca.

Una herramienta más del sistema capitalista, manipuladores de la sociedad, escultores de estereotipos y complejos, creadores de necesidades inútiles, vendedores de humo, son algunas de las cosas con las que he tenido que lidiar. Con lo que me costó a mí hacer que mis padres entendieran lo que significa ser copy y cómo funciona, a gran escala, una agencia de publicidad… Me podría haber ahorrado el esfuerzo todos estos años, sentarme frente a los dos en el sofá y, mirándolos fijamente a los ojos, decirles: “Mamá. Papá. Soy un escultor de complejos”. Fácil. Saben lo que es un escultor y saben lo que es un complejo. Pero no, yo tuve que inventarme una serie de falacias para que estuvieran, no sólo contentos sino tranquilos, es más, orgullosos. Pero claro, como buen publicista, soy un mentiroso.

Pero lo que no es mentira es que, si nos ponemos a pensarlo, todo trabajo, toda profesión existe porque hay una necesidad que cubrir. Es decir, si esa necesidad no existiera tampoco existiría ese trabajo. Por esta regla de tres, la farmacia existe para cubrir las necesidades de medicamentos de un enfermo. Si no hubiera gente enferma, las farmacias desaparecerían. Así que si yo fuera farmacéutico, en el fondo, querría que hubiera gente enferma, cosa que yo no quiero, porque claro, yo soy publicista. Y lo mismo ocurre con los médicos, intermediarios entre el enfermo y la farmacia. Benditos enfermos.

Pero, ¿y si los medicamentos no funcionan y resulta que el enfermo se muere? No pasa nada, también hay alguien para cubrir esa necesidad:  las funerarias, ese negocio que dura toda la vida. Sinceramente, si yo fuera dueño de una funeraria, me mataría un poco que la tasa de mortalidad descendiera. Pero claro, a mí no me va la vida en ello, cuanta más gente viva mejor, así más complejos que crear, más mentes que manipular y más humo que vender, soy publicista.

Sin embargo, los que parece que nunca mueren son esas personas que están cada vez más de moda. Y no, no me refiero a los publicistas. Hablo, más bien de ladrones, asesinos y estafadores. Estas personas, cuando son detenidas no sólo tienen necesidades, sino que también tienen derechos y, ¿quiénes entran en el juego? Exacto. Los abogados y los jueces. Ya sabéis lo que pensaría yo si fuera abogado o juez y quisiera seguir teniendo trabajo ¿no?. Lo mismo que si fuera policía.

¿Y qué me decís de una persona que desea rescatar a un pobre e indefenso gatito subido en lo alto de un árbol, mientras una desesperada ancianita grita pidiendo auxilio?  Este es el sueño que tendría yo si fuera bombero. Pero soy publicista y, además, me dan miedo los gatos.

Otra cosa que me pone los pelos de punta son esas clínicas de cirugía estética. Aumento de pecho, colágeno en los labios, disminución del tabique nasal…Todo el día aprovechándose de los complejos que creamos los publicistas y, encima,  sin darnos las gracias.

Los que también deberían darnos las gracias son los psicólogos. Gran parte de sus clientes son personas que sufren un trastorno provocado por la frustración que les genera no alcanzar ese modelo de vida que, los publicistas, tan vilmente creamos. Así que si yo fuera psicólogo y tuviera un amigo publicista, cogería el teléfono y le diría: “Mira, en la próxima campaña de ropa interior utiliza modelos todavía más delgados, guapos y, si puede ser, que sus vidas sean todavía más perfectas. No tengo muchos clientes últimamente, y los que tenía ya se están curando”.

Después de leer esto algunos, como ya advertí, pueden estar ofendidos, y pensar que el que necesita un psicólogo soy yo. Y es posible, pero casi no tengo tiempo. Igual que la mayoría de mis compañeros, me paso muchas horas al mes trabajando para que todos y cada una de esas personas que piensan que este trabajo es algo maléfico, tengan cada mañana su marca de café preferida, puedan limpiar esa mancha en la camisa el día de la reunión, encontrar el seguro más barato para su coche preferido, o sepan que existen unas pastillitas de menta capaces de curar el dolor ajeno.

Así que antes de criticar nuestro trabajo, por favor, pensadlo dos veces. Lo único que queremos es que nuestros anuncios gusten, emocionen o, simplemente, provoquen una sonrisa.

Y porque yo prefiero seguir creyendo que cuando un médico cura a alguien no piensa que está perdiendo un cliente.